domingo, 10 de noviembre de 2013

El Pardo

Bueno…hoy comenzamos una nueva sección, ya que no sólo vamos a hablar de la ciudad de Turín, jejeje, aunque nos encante hacerlo.

¿Qué mejor que abrir esta sección con un lugar cercano a dónde vivimos y que está en la misma ciudad, y que por desgracia no es muy conocido? Este sitio es El Pardo.

Primero decir que se sitúa en el distrito Fuencarral – El Pardo.
El Pardo  en 1951 pasó de pueblo a barrio, pero  una vez que lleguéis a El Pardo podréis comprobar que sigue teniendo ese ambiente de pueblo, libre de contaminación y rodeado de verde, ya que aquí destaca el Monte de El Pardo, unos de los pulmones verdes de la ciudad de Madrid.

He conocido a dos pardeñas muy amables que me han facilitado muchísima información, Virginia y MªCarmen, hago referencia a ellas para darlas las gracias.

De lo más visitado es el Palacio Real de El Pardo, al que he entrado y que recomiendo que entréis (9€ entrada normal y 4€ reducida, con esta entrada se entra al Palacio Real y a la Casita del Príncipe).
Es un Palacio con mucha historia, pero por desgracia solo suele ser  conocido por los 40 años de la Dictadura de Franco.  La visita al palacio es guiada, y gracias a esta he aprendido que este palacio tiene muchísima historia.
En realidad la guía ha explicado que son dos palacios unidos, uno de la época de los Austrias (siglos XVI y XVII) y otro de la época de los Borbones (siglos XVIII al XX). De la época de los Austrias no se conserva mucho, ya que los Borbones no eran muy partidarios de su estilo artístico. Se visita el despacho que fue del General Franco, algo que la verdad me ha impactado tener delante. En este palacio se puede disfrutar de numerosos tapices, y unas lámparas muy llamativas de origen francés.
Si queréis saber más os recomiendo su visita.
Algo muy recomendable que debéis hacer antes de ir al Palacio Real de El Pardo es llamar para informaros de que está abierto, ya que es usado como residencia de Jefes de Estado Extranjeros,  y os podéis encontrar el palacio cerrado.
Por último se da la oportunidad de visitar la Capilla Real.


Otros sitios a visitar son el Palacio de la Quinta, el Convento del Cristo de El Pardo, la Iglesia de El Pardo, entre otras cosas.

Os dejo la web que han creado Virginia y MªCarmen por si queréis más información, es una web muy completa:  http://www.elpardo.net

Brevemente nombraré el tema de la comida. Se come bastante bien, los menús son muy completos y cómo en todos lados tienes sitios más baratos y sitios más caros.
La gastronomía típica de El Pardo son los platos de caza, como por ejemplo el jabalí.
Algunos restaurantes a destacar son La Taberna La Plaza, El Faro, El Gamo y la Montaña.

También he visto bastantes personas montando en bicicleta, esto se debe a que hay bastantes sendas.


Puede que os llame también la atención los numerosos militares que hay, pero es que El Pardo está rodeado de cuarteles militares.

Podría seguir contando cosas,pero prefiero no hacerlo para que así podáis descrubrirlas vosotros mismos.


lunes, 4 de noviembre de 2013

Días de transporte



Hoy queremos contaros algunas experiencias relacionadas con el transporte en Turín.



Recuerdo un día de diario en el que tenía que ir a trabajar. Como siempre, cogía dos pullman que me llevaban hasta mi destino, el 45 y el 67. Sin embargo, ese día había huelga de transportes, y al no leer la stampa, ni enterarme por la televisión, no sabía que sucedía. Llegué a la parada tranquila, sin percatarme de que había demasiada gente para lo normal y que algunos se marchaban. Estuve esperando un rato, mirando la gente, y preguntando. Pero hasta que no vi a lo lejos una masificación de gente gritando que venía hacia nosotros no me di cuenta de lo que sucedía. Le pregunté a una chica si conocía otra manera de llegar a Porta Nuova, que tenía que llegar al trabajo y no conocía nada. Por suerte hablaba español, y muy amablemente me condujo hasta el tranvía que ella también iba a coger como medio alternativo.


Era como ir en el metro de Madrid pero sin túnel. Era igualito por dentro, inclusive si no recuerdo mal, las barras también eran amarillas, sillones verdes y azules. La gente también, parecía que iba en la línea 10 del metro, cerca de Nuevos Ministerios. Cuando llegué a Porta Nuova, pude coger el 67, el cual me dejaba enfrente del trabajo. Este autobús recorría toda la avenida paralela al río Po, y pasando por el Parco Valentino, la Universidad, por la famosa Palavela de los Juegos de Invierno y el Palazzo del Lavoro, que estaba abandonado y en ruinas.



 

Los domingos algunos autobuses o cambiaban su recorrido o no transitaban. Tenía que coger otros que atravesaran Vía Nizza, una zona que a mi parecer, no era nada segura. Hay un gran contraste entre ver la gente que está en la fachada principal de Porta Nuova y la del lateral, en la que comienza un nuevo barrio.

El primer domingo yo no tenía ni idea de esos cambios, y al darme cuenta de ello ya no sabía dónde podía coger otro autobús. Empecé a andar y a andar, hasta que conseguí alcanzar a una mujer que llevaba una maleta. La pregunté si sabía algo, qué podía coger, cuando de repente pasó por nuestro lado un autobús y la mujer me gritó que corriese hacia él. El autobús había parado en un semáforo en rojo, y la mujer aprovechó para aporrear la puerta de apertura doble diciendo que estaba perdida y que necesitaba cogerlo. ¡Mi heroína!

El conductor, un señor de unos cuarenta años con pinta de mafioso napolitano –calvo, con pendientes de oro-, me dijo que el autobús realizaba otro recorrido pasando por Via Nizza y me dejaría cerca del trabajo. En todo el recorrido –que era larguísimo, o por lo menos lo recuerdo así- estuve de pie al lado de este señor, para que no se le olvidase decirme dónde me tenía que bajar. A cambio de eso, tuve que aguantar su conversación, comentándome que el español era una lengua muy sensual, que lo era más que el italiano. Le puse media sonrisa y me alejé un poco, quedándome en silencio. Aproveché para ojear el autobús. El tipo de gente era diferente de la del centro, había más gente inmigrante y de clase baja. Además estaba muy anticuado, sillones naranjas con barras descoloridas. Los autobuses tienen dos entradas o incluso tres. Cuando llegué al trabajo se despidió de mi, y bajé corriendo para no llegar más tarde, ya que había pasado ya media hora.

A la vuelta a casa mis sospechas sobre el conductor se hicieron más notables. Al subir estaba ahí de nuevo, pero paró para terminar su turno. Cuando lo vi bajar lo acompañó un señor de traje y se subió a un coche de alta gama.





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